¿Y si el universo fuera un pretzel?

Suena absurdo, casi cómico, pero esta pregunta encierra una de las ideas más fascinantes de la física moderna: el universo podría tener una forma topológica más compleja de lo que imaginamos. Y para entenderlo, a veces una metáfora culinaria como un pretzel es más útil que una ecuación.

Del globo al pretzel: una historia de agujeros

Durante siglos, imaginamos el universo como algo simple: una esfera infinita, un vacío continuo o un plano sin bordes. Pero la topología, la rama de las matemáticas que estudia las formas y sus agujeros, nos enseña que hay infinitas posibilidades.

Una esfera tiene género 0, sin agujeros.

Una dona tiene género 1, un único agujero.

Un pretzel, con sus tres orificios entrelazados, tiene género 3.

Si el espacio-tiempo pudiera “enrollarse” o conectarse consigo mismo de maneras insospechadas, podríamos vivir en un universo con túneles, bucles y atajos que lo conectan como las curvas trenzadas de un pretzel cósmico.

El universo y sus posibles formas

La topología del universo es un tema abierto en cosmología. Aunque las observaciones del fondo cósmico de microondas sugieren que el cosmos es casi plano, no sabemos si en realidad podría curvarse sobre sí mismo.

En teoría, podrías viajar en línea recta durante miles de millones de años y regresar al mismo punto sin encontrar un borde. Si esto fuera cierto, viviríamos en un universo finito pero sin límites, algo muy parecido a moverse sobre la superficie de una dona… o de un pretzel más complejo.

Incluso algunos modelos de gravedad cuántica proponen que el espacio-tiempo podría tener asas y túneles microscópicos que se abren y cierran constantemente, como una espuma en ebullición. Esos bucles cuánticos serían los ingredientes básicos de un pretzel universal en su escala más diminuta.

¿Podemos saber la forma del cosmos?

Los astrónomos buscan pistas midiendo la radiación del Big Bang con precisión extrema. Si el universo tuviera una topología compleja, podríamos ver patrones repetidos en el cielo, como reflejos de galaxias o ecos de luz que viajan a través de un espacio “plegado”.

Hasta ahora, no hay evidencia concluyente. Pero eso no significa que el universo sea simple: puede que su complejidad esté más allá de nuestro horizonte observable, o que se esconda en escalas imposibles de medir.

Un pensamiento más allá de la ciencia

Imaginemos que el universo sí fuera un pretzel. No sería solo una curiosidad matemática, sino una lección de humildad: la realidad podría tener una estructura mucho más rica de la que nuestros sentidos perciben.

Cada asa, cada túnel y cada curva serían metáforas de las conexiones invisibles que nos unen, de cómo todo está entrelazado, desde las partículas cuánticas hasta las galaxias.

En el fondo, pensar en un universo con la forma de un pretzel no es una broma: es una forma poética de aceptar que la existencia —como la topología— puede ser flexible, retorcida y sorprendentemente deliciosa.

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